Nix es la Noche misma, uno de los primeros seres en surgir del Caos primordial junto a su hermano Érebo, la Oscuridad, con quien engendra a Éter y Hemera, el aire luminoso y el día. Hesíodo le atribuye, en el sombrío catálogo de la Teogonía, haber engendrado ella sola todo un linaje de fuerzas de las que nadie escapa: Hipnos y Tánatos, el Sueño y la Muerte, las Moiras que hilan y cortan el hilo de cada vida, Némesis, Eris, y los sufrimientos y engaños que afligen la existencia mortal.
Vive en el extremo occidental del mundo, cerca del Tártaro, en una casa donde el Día y la Noche se saludan y se cruzan en un umbral compartido, sin ocupar jamás el cielo al mismo tiempo. Su poder es tan antiguo y vasto que incluso Zeus la trata con cautela: cuando se dispone a castigar a Hipnos por haberlo adormecido contra su voluntad, se contiene por miedo a enfurecer a la veloz Nix, que podría acarrear un mal peor que la ofensa original. Los artistas la representan velada con mantos negros o estrellados, conduciendo un carro tirado por caballos oscuros a través del cielo.
τὴν ἱκόμην φεύγων, ὁ δ’ ἐπαύσατο χωόμενός περ. ἅζετο γὰρ μὴ Νυκτὶ θοῇ ἀποθύμια ἕρδοι
“A ella acudí en mi huida, y le suplique, y Zeus se contuvo, aun estando airado, pues sintió temor de hacer algo que desagradara a la veloz Noche.” — Homero, Ilíada 14.259–261, trad. A. T. Murray