Conocida solo por sus propias palabras
El Rigveda 10.10 no lo habla nadie más que dos personas, y los versos cantados nunca se apartan para decir cuál de los dos habla ni qué aspecto tiene ninguno de los dos. Es el índice tradicional del propio himno —un encabezado de autoría y destinatario impreso en la parte superior de la página, no cantado— el que decide la división. Llama a Yami ऋषिका, la vidente que habla, de siete de los catorce versos del himno, y la marca दे. —su propia abreviatura de देवता, la deidad invocada— en los otros siete de Yama, el mismo cargo que ese mismo encabezado le da a Yama sobre los suyos. El mismo encabezado la llama वैवस्वती, Vaivasvatī, hija de Vivasvat, la contraparte femenina del वैवस्वतः, Vaivasvata, que le da a Yama —confirmando, en los propios términos de la tradición, que ambos comparten un padre. Dentro de los versos cantados mismos, nada describe su rostro, su vestimenta ni nada que posea. Lo que el himno conserva de Yami es enteramente lo que ella dice: una propuesta, un argumento presentado tras dos negativas y, después de una tercera negativa, una respuesta.
Una propuesta con palabras de esposa
Ella habla primero, y lo hace en el vocabulario del matrimonio, no del parentesco.
यमस्य मा यम्यं काम आगन्समाने योनौ सहशेय्याय । जायेव पत्ये तन्वं रिरिच्यां वि चिद्वृहेव रथ्येव चक्रा ॥७॥
«Yo, Yami, estoy poseída por el amor a Yama, para descansar en el mismo lecho junto a él. Yo, como esposa, me entregaría a mi marido. Como ruedas de carro, apresurémonos a encontrarnos.» — Rigveda 10.10.7, tr. Ralph T. H. Griffith
काम, kāma —amor, deseo— es la fuerza que ella nombra como la que actúa sobre ella, y जायेव पत्ये, como esposa a un marido, es el papel que ella se ofrece a asumir, no uno que ya posea. Su propia imagen del encuentro que desea es un par de ruedas de carro que corren para cerrar la distancia entre ambos, un símil de velocidad y simetría, no de familia. Yama le devolverá más tarde la misma imagen cuando la envíe hacia otro en su lugar, pero aquí le pertenece solo a ella.
Insistiendo tras dos negativas
Yama dice que no dos veces, y cada vez Yami responde no con más del mismo ruego, sino con un argumento más agudo. Para el verso 11 ha dejado de pedir ser su esposa y ha empezado a argumentar que la propia palabra «hermana» ya no tiene nada en que sostenerse.
किं भ्रातासद्यदनाथं भवाति किमु स्वसा यन्निरृतिर्निगच्छात् । काममूता बह्वेतद्रपामि तन्वा मे तन्वं सं पिपृग्धि ॥११॥
«¿Es hermano aquel cuando a ella no le queda ya señor? ¿Es hermana aquella cuando la alcanza la Destrucción? Forzada por mi amor pronuncio estas muchas palabras. Acércate, y estréchame en tu abrazo.» — Rigveda 10.10.11, tr. Ralph T. H. Griffith
Sus dos preguntas funcionan como un par. «Hermano» y «hermana» son palabras que presuponen un mundo más amplio de otros parientes y otros protectores aún en pie; quítese ese mundo, déjense solo a los dos al borde de todo, y los términos que nombraban su vínculo dejan de significar nada. काममूता, «forzada por mi amor», es su propia explicación de por qué sigue hablando después de dos negativas —no la persuasión por sí misma, sino palabras que el mismo काम que la nombró en el verso 7 le arranca. Es la única fuerza que el himno le atribuye jamás, y el único dominio que esta entrada le concede.
Nada más que describir
Yama la rechaza una tercera vez después de esto, y Yami vuelve a responderle —el propio índice del himno sigue atribuyéndole esa respuesta a ella, igual que el resto de sus siete versos. Lo que dice ese rechazo, y lo que le cuesta a Yama pronunciarlo, pertenece a su propia entrada en este corpus; es su rechazo, no el retrato de ella. De hecho, en todo el himno nunca se añade nada a Yami más allá de lo que ella misma ya ha dicho. El mismo texto que dedica tres versos distintos a describir a los dos perros de Yama —cuatro ojos cada uno, pelajes oscuros, narices dilatadas— jamás dirige esa misma atención hacia ella. Es propuesta, luego argumento, luego respuesta: una voz que la tradición nombra devatā de siete versos y, dentro del propio texto cantado, nada más.