Anubis preside el embalsamamiento y vigila el umbral entre la vida y la muerte; su cabeza de chacal recuerda a los perros salvajes que antaño merodeaban por los cementerios del desierto, un peligro que los egipcios conjuraron convirtiendo esa misma forma animal en protectora de los muertos. Es el dios funerario más antiguo del panteón egipcio, venerado como señor de la necrópolis mucho antes de que Osiris absorbiera buena parte de su papel como soberano de los muertos; ya en el Imperio Medio, Anubis ha sido reconfigurado como fiel servidor de Osiris antes que como su rival. Su linaje varía según la fuente: algunos textos del Imperio Antiguo lo hacen hijo de Ra, mientras que la versión popularizada más tarde, recogida por Plutarco, nombra a Osiris y Neftis como su padre y su madre.
Su tarea central es el pesaje del corazón. En la Sala de las Dos Verdades, Anubis coloca el corazón del difunto en uno de los platillos de la gran balanza y la pluma de Maat en el otro, y es su mano cuidadosa, más que el juicio de ningún otro dios en solitario, la que decide si un alma pasa a los Campos de Juncos o es devorada por Ammit. Es también patrón de los embalsamadores, cuyo sacerdote principal portaba su máscara durante los ritos de momificación. Los visitantes griegos de Egipto lo fusionaron más tarde con Hermes bajo el nombre de “Hermanubis”, combinando su custodia de los muertos con el propio papel de Hermes como psicopompo.