Representación de Bes
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egipcia · dios

Bes

El enano barbudo con piel de pantera y tiara de plumas que estaba junto al lecho del parto, tocaba el arpa para el niño y empuñaba cuchillos contra los malvados.

el Guerrero · el dios de la alegría, la risa y el placer · protector de niños y jóvenes

identificado con
Horus — como Horus Niño, o Harpócrates
símbolos
tiara de plumas, piel de pantera con la cola hasta el suelo, dos cuchillos, arpa, escudo y espada corta, serpientes estranguladas en sus manos

El enano con piel de pantera

Budge sitúa a Bes en un capítulo sobre los dioses extranjeros de Egipto, y su relato abre con una disputa. Algunos autores, informa, sostenían que el dios era semita, y otros que era africano. Budge opone a ambas opiniones un hecho: «el nombre del dios parece ser egipcio». Piensa que se le dio al dios «en tiempos muy antiguos a causa de la piel del animal que vestía», y añade que el propio animal se llamaba Besa o Basu. Según esta lectura, el dios toma su nombre de lo que lleva puesto.

Budge describe la figura con detalle. Dice que Bes se muestra por lo común con «la forma de un enano con una enorme cabeza barbuda», con la lengua fuera, la nariz chata, cejas y cabello hirsutos, grandes orejas salientes, brazos largos pero gruesos y piernas arqueadas. Luego pasa a la vestimenta.

alrededor del cuerpo lleva la piel de un animal de la tribu de las panteras, y su cola cuelga y por lo común toca el suelo detrás de él; sobre la cabeza lleva una tiara de plumas — E. A. Wallis Budge, Los dioses de los egipcios (1904), vol. 2, p. 284

La cita empieza a mitad de la frase de Budge. El escaneado parte dos palabras de esa frase en los finales de línea, y la cita empieza después de ellas en lugar de repararlas. Budge es exacto sobre la piel: no es la de una pantera, sino la de «un animal de la tribu de las panteras», y es la única prenda que da al dios en esta descripción. La cola cuelga por detrás y por lo común llega al suelo. Otro detalle distingue a Bes. Los dioses egipcios se dibujan de perfil, y Bes a veces también, «pero por lo común aparece de frente». Mira directamente al espectador desde la imagen.

Budge tenía además una opinión sobre el origen del dios, y es la opinión de un autor de 1904, no un hecho establecido. Lee la figura del enano como señal de una tierra natal donde «el enano y el pigmeo eran tenidos en estima», y compara la tiara con los tocados de los pueblos del África ecuatorial. A partir de estas dos cosas sitúa la patria del dios en una región «unos pocos grados al norte del Ecuador». El argumento avanza con cautelas: la figura sugiere, el tocado se parece, las dos cosas juntas lo llevarían al lugar. Su conclusión, en la página siguiente, deja las cautelas: «En su concepción original Bes es ciertamente africano».

Descanso, alegría y la cámara del parto

La siguiente prueba de Budge es un conjunto de objetos. Figuras de Bes, escribe, se encuentran talladas en los mangos de espejos, en recipientes de kohl y en almohadas. Son cosas del tocador y de la cama, no del templo, y Budge saca de ellas una conclusión prudente: «en un aspecto al menos estaba asociado con el descanso, y la alegría, y el placer». Luego pasa de los objetos a los muros.

De varias escenas en los muros de los templos y de bajorrelieves vemos que se suponía que Bes estaba presente en las cámaras y lugares donde nacían los niños, y parece haber sido considerado un protector de niños y jóvenes, y un dios que se ocupaba de hallarles placer y diversión — E. A. Wallis Budge, Los dioses de los egipcios (1904), vol. 2, p. 285

La frase lleva dos cautelas, «se suponía que estaba presente» y «parece haber sido considerado», porque Budge lee imágenes, no un texto en el que el dios hable. Lo que las imágenes le dan es presencia. Bes está en la sala donde nace el niño. No atiende el parto, y Budge no dice que haga fecunda a la madre. Su trabajo empieza después del nacimiento: guarda al niño y busca maneras de darle «placer y diversión».

Budge nombra entonces la escena. Una de las imágenes más antiguas de Bes, dice, siguiendo a Wiedemann, es un relieve del templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari, en la cámara donde se muestra el nacimiento de la gran reina. Meskhenet, la diosa del nacimiento, preside allí, con las diosas que hacen de parteras y las nodrizas que esperan al niño. Junto al lecho se yerguen dos figuras, Bes y Tueris. Budge admite que no resulta evidente lo que debían hacer las dos por la princesa. Pero encuentra a una de ellas o a ambas en las cámaras de parto de las reinas egipcias, y concluye que su presencia era de gran importancia para la madre y para el niño.

Budge está menos seguro de una afirmación más antigua. Dos figuras del dios, informa, se encontraron en Kahun, y si pertenecen a la época en que esa ciudad floreció, Bes fue honrado allí ya en la Dinastía XII. Da poco peso a esta prueba, porque las figuras pudieron haberse puesto en las tumbas de Kahun en enterramientos de una fecha mucho más tardía.

El arpa y el niño

Budge dedica a la música del dios una sola línea: «Como dios de la música y la danza se le representa a veces tocando un arpa». Wiedemann, que escribía siete años antes, da a la música un público. En las escenas que describe, Bes es uno de los dioses que asisten al nacimiento de un rey o del dios Sol, y su cuidado continúa después del nacimiento.

También se le muestra sosteniendo a Harpokrates, el joven dios Sol, sobre su brazo izquierdo mientras le da de comer con la mano derecha, o llevando al niño sobre el hombro. Pero sus servicios al niño no se limitaban a proporcionarle alimento; también debía procurarle diversión, y así se le representa riéndose de él, bailando danzas grotescas y tocando el arpa ante él — Alfred Wiedemann, Religión de los antiguos egipcios (1897), p. 164

Harpokrates es la grafía de Wiedemann de Harpócrates, el joven Horus, al que Budge llama Horus Niño. El orden de Wiedemann es lo esencial del pasaje. Bes alimenta primero al niño, y solo después lo entretiene. El arpa y la danza forman parte de su servicio como niñero, y Wiedemann dice que este servicio, con el tiempo, hizo de Bes un patrono de la danza, la música y la alegría, un papel para el que su extraño aspecto parecía convenirle desde el principio. En el relato de Wiedemann la música nace de la custodia y, como mostrará la sección siguiente, también la lucha.

Budge refiere un cambio posterior, y da a Bes una segunda forma que no es el enano de su descripción principal. En algún período del Imperio Nuevo, escribe, el dios adoptó el carácter de un dios solar y «se identificó con Horus Niño, o Harpócrates». Poco a poco se fundió con otras formas del dios Sol, hasta que absorbió las características de Horus, Ra y Atum, a quien Budge llama Temu. Como Horus llevaba el mechón de pelo que significa juventud en el lado derecho de la cabeza; como Ra y Atum a la vez se le dieron las mejillas hundidas de un anciano. Wiedemann sitúa la misma fusión al final del Imperio Nuevo, cuando Bes se fundió con su pupilo. Es un compuesto tardío. El dios que está junto al lecho del parto es la imagen más antigua.

Cuchillos contra los malvados

El mismo enano va armado. Budge escribe que «como dios de la guerra y la matanza, y como fuerza destructora de la naturaleza lleva dos cuchillos en las manos». Como guerrero viste una túnica militar corta sujeta al cuerpo con un cinturón, y sostiene un escudo en la mano izquierda y una espada corta en la derecha. Wiedemann vincula las armas de nuevo con el niño. Las serpientes eran los principales enemigos del dios Sol, de modo que el guardián del joven dios Sol era «el enemigo de las serpientes», y se le muestra a menudo agarrándolas y estrangulándolas con las manos, o mordiéndolas hasta hacerlas pedazos.

La prueba de Budge para el Inframundo viene del Libro de los Muertos. El nombre de Bes no aparece en la recensión heliopolitana ni en la tebana, observa, pero en una de las viñetas del capítulo CXLV de la recensión saíta «se ve a este dios guardando uno de los pilonos de la casa de Osiris en el Inframundo». Wiedemann describe lo que encontraban allí los muertos. El Bes del Inframundo tenía un rostro deformado que inspiraba terror, y amenazaba a los malvados con su cuchillo y les prometía arrancarles el corazón, «y de ahí que se le llamara el Guerrero». Budge sintió la dificultad del cambio y ofreció una manera de resolverlo.

Es difícil entender el cambio de parecer de los egipcios que convirtió al dios de la alegría, y la risa, y el placer en una deidad vengadora, pero puede explicarse suponiendo que solo mostraba su terror y su ferocidad a los malvados, mientras que para los buenos en el Inframundo era un verdadero amigo y un alegre compañero — E. A. Wallis Budge, Los dioses de los egipcios (1904), vol. 2, p. 287

La solución de Budge mantiene entero al dios. No tiene dos naturalezas, una alegre y otra feroz; tiene una naturaleza y dos clases de visitantes. Wiedemann cuenta la misma historia en el otro sentido. Tras el Inframundo, dice, se procuró dar a Bes el mismo carácter en la tierra, pero allí fue más un amigo de los buenos que un enemigo de los malvados, y se le mostraba con escudo y espada para defender a todo el que estuviera bajo su protección y llevara su imagen como amuleto. En ambos relatos el cuchillo y el arpa pertenecen a un solo oficio. Bes divierte y protege a quienes tiene a su cargo, y vuelca su terror solo sobre lo que los amenaza.