Kartikeya nace para resolver un problema. El demonio Taraka tiene una gracia por la que solo puede matarlo un hijo de Shiva, y Shiva es en ese momento un asceta viudo sin la menor intención de engendrar a nadie: de ahí los enormes esfuerzos de los dioses por propiciar el matrimonio con Parvati, y de ahí que la concepción, cuando llega, la gestionen intermediarios. Agni lleva la simiente y no puede retenerla; pasa a Ganga, que la suelta en su corriente, y el niño acaba depositado en un cañaveral del Himalaya.
Allí lo amamantan las Krittikas —las seis estrellas de las Pléyades— y, como toma leche de las seis a la vez, le crecen seis rostros para hacerlo, y recibe el nombre que ellas le dan.
ततस्तु देवताः सर्वाः कार्तिकेय इति ब्रुवन् । पुत्रस्त्रैलोक्यविख्यातो भविष्यति न संशयः ॥१-३७-२५॥
«Entonces todos los dioses dijeron: “Que se le llame Kārttikeya. Sin duda este hijo será célebre por los tres mundos.”» — Valmiki, Ramayana 1.37.25; trad.: este sitio
A los pocos días de eso lo ungen comandante de los ejércitos celestes y mata a Taraka, que es todo el encargo. Su otro nombre, Skanda, va unido al modo de su concepción; en el sur es Murugan, y allí no es en absoluto un dios guerrero subordinado, sino una deidad mayor por derecho propio, con los seis grandes emplazamientos de Tamil Nadu y una devoción que trata al hijo de Shiva como el centro y no como el apéndice de la familia.
Monta un pavo real y lleva el vel, una lanza que le dio su madre, y en su estandarte figura un gallo. La iconografía suele darle seis cabezas y doce brazos, aunque una forma juvenil de una sola cabeza es al menos igual de frecuente en el bronce meridional. Si Ganesha es el dios al que uno se dirige antes de empezar cualquier cosa, Kartikeya es al que se invoca cuando la cosa ya ha empezado y hay que ganarla.