Parvati es hija de Himavat, el Himalaya personificado, y su nombre significa sencillamente «la de la montaña». El Ramayana la presenta como la segunda de dos hijas, siendo la mayor el río Ganga: un emparejamiento que fija los términos de su carácter, pues a una hermana se la entrega a los dioses para que descienda por los mundos, y la otra se queda y practica austeridades hasta obtener lo que quiere.
तस्यां गङ्गेयमभवज्ज्येष्ठा हिमवतः सुता । उमा नाम द्वितीयाभूत् कन्या तस्यैव राघव ॥१-३५-१६॥
«Ganga fue la primogénita; luego vino / la hermosa conocida por el nombre de Uma.» — Valmiki, Ramayana 1.35.16; trad. inglesa de Griffith
Lo que ella quiere es a Shiva, que por entonces es viudo —su primera esposa, Sati, se había quemado en el sacrificio de su padre— y se ha retirado a una meditación tan completa que la belleza no le hace la menor mella. Envían a Kama, el dios del deseo, a asaetearlo, y por ello queda reducido a cenizas. La respuesta de Parvati es enfrentar ascesis con ascesis: se marcha a la montaña y practica tapas tan severas y tan prolongadas que Shiva acaba yendo a ponerla a prueba disfrazado, injuriando su propio nombre para ver qué dice ella, y cede cuando no logra moverla. El matrimonio lo devuelve al mundo de las casas y las obligaciones, y buena parte de la mitología posterior consiste en que ella lo disuade de los extremos hacia los que tira su naturaleza.
Es además la madre de una familia que todos conocen. Ganesha está hecho de la cúrcuma de su propio cuerpo y puesto a guardarle la puerta, y así es como pierde la cabeza a manos de Shiva y gana la de elefante; Kartikeya nace para mandar los ejércitos de los dioses. Y no se la confina al registro doméstico: cuando la situación lo exige se manifiesta como Durga para enfrentarse a Mahishasura en el campo de batalla, y como Kali cuando ni siquiera eso basta —la misma diosa en sus aspectos más feroces, que los textos tratan como obra suya y no de otra—.