Una montaña con forma humana
Hanuman va por el aire sobre el mar, en el salto con que se abre el Sundarakanda, cuando Mainaka emerge del agua debajo de él. Lo que Valmiki dice a continuación es la razón por la que este corpus registra a Mainaka como figura: मानुषं धारयन् रूपम्, tomando forma humana, आत्मनः शिखरे स्थितः, de pie sobre su propia cumbre. Es una montaña, y durante el tiempo de un discurso es además una persona de pie sobre sí misma.
Este sitio mantiene la regla de que los lugares y los objetos no reciben entrada propia: un río, un pico o un arma son escenario, por famosos que sean. Mainaka está aquí porque el verso mismo rompe esa regla por él. Toma una forma, elige un tratamiento, hace un ofrecimiento y da una razón para hacerlo. Nada del encuentro funciona si se lo trata como terreno.
Lo que dice
El ofrecimiento tiene tres cláusulas y es enteramente práctico. No le pide a Hanuman que se detenga: le dice que ya ha hecho algo difícil, lo invita a bajar y —en el mismo aliento— lo suelta para que continúe.
दुष्करं कृतवान् कर्म त्वमिदं वानरोत्तम॥ १११॥ निपत्य मम शृङ्गेषु सुखं विश्रम्य गम्यताम्।
«El mejor del más noble linaje de los Vánaras: grande, oh jefe, es la tarea que te toca. Pósate aquí un momento, te lo ruego, y descansa en la altura aireada.» — Valmiki, Ramayana 5.1.111–112; trad. inglesa de Griffith
El verso de Griffith recoge el tratamiento, el elogio y la invitación, y se detiene ahí. El sánscrito tiene una palabra más: गम्यताम्, que se vaya —sigue adelante. Ese único verbo es lo que impide que el episodio sea una demora. Mainaka no intenta retener al mensajero: le ofrece un aterrizaje, un descanso y una partida en una sola frase, y la tercera parte es tan explícita como las dos primeras.
De quién es hijo
Ambos padres de Mainaka están ya en este corpus, y ambas entradas lo nombran. Himavat, el Himalaya como rey, y Mena, su esposa, reciben en el Balakanda de Valmiki tres hijos: Ganga, que va a los dioses; Parvati, que se casa con Rudra; y Mainaka, que se va al mar. Hasta que existió esta entrada, la página de Mena lo nombraba y decía a continuación, en todos los idiomas, que era un lugar con nombre y no un dios y que por eso no se lo registraba aquí por cuenta propia. El verso del Sundarakanda resuelve eso en contra de aquella lectura, y esas páginas han sido corregidas en vez de dejarse en pie.
Esa filiación explica también por qué el ofrecimiento que hace es un asunto de familia y no la cortesía de un extraño. La montaña que se alza para ayudar al enviado de Rama a cruzar el agua es el hijo del rey de las montañas cuya hija mayor los dioses pidieron y obtuvieron.