La cueva en el acantilado
Homero habla de Escila en el libro duodécimo de la Odisea. La diosa Circe advierte a Odiseo sobre la ruta marina que tiene por delante y le describe dos caminos. El segundo camino pasa entre dos acantilados. El más alto llega al ancho cielo con su cima aguda, y una nube oscura lo rodea siempre. Su roca es lisa, como si estuviera pulida, y ningún hombre podría escalarla. En medio del acantilado hay una cueva sombría que mira al poniente. Ni siquiera un hombre fuerte podría lanzar una flecha desde una nave hasta ella. Escila vive en esa cueva.
ἔνθα δ’ ἐνὶ Σκύλλη ναίει δεινὸν λελακυῖα. τῆς ἦ τοι φωνὴ μὲν ὅση σκύλακος νεογιλλῆς γίνεται, αὐτὴ δ’ αὖτε πέλωρ κακόν· οὐδέ κέ τίς μιν γηθήσειεν ἰδών, οὐδ’ εἰ θεὸς ἀντιάσειε. τῆς ἦ τοι πόδες εἰσὶ δυώδεκα πάντες ἄωροι, ἓξ δέ τέ οἱ δειραὶ περιμήκεες, ἐν δὲ ἑκάστῃ σμερδαλέη κεφαλή, ἐν δὲ τρίστοιχοι ὀδόντες, πυκνοὶ καὶ θαμέες, πλεῖοι μέλανος θανάτοιο. μέσση μέν τε κατὰ σπείους κοίλοιο δέδυκεν, ἔξω δ’ ἐξίσχει κεφαλὰς δεινοῖο βερέθρου· αὐτοῦ δ’ ἰχθυάᾳ, σκόπελον περιμαιμώωσα, δελφῖνάς τε κύνας τε καὶ εἴ ποθι μεῖζον ἕλῃσι κῆτος, ἃ μυρία βόσκει ἀγάστονος Ἀμφιτρίτη. τῇ δ’ οὔ πώ ποτε ναῦται ἀκήριοι εὐχετόωνται παρφυγέειν σὺν νηΐ· φέρει δέ τε κρατὶ ἑκάστῳ φῶτ’ ἐξαρπάξασα νεὸς κυανοπρῴροιο
«Allí mora Escila, que aúlla de manera terrible. Su voz es, en verdad, como la voz de un cachorro recién nacido, pero ella misma es un monstruo maligno, y nadie se alegraría al verla, ni siquiera si fuera un dios quien la encontrara. En verdad tiene doce pies, todos deformes, y seis cuellos extremadamente largos, y en cada uno una cabeza espantosa, y en ella tres filas de dientes, densos y apretados, llenos de negra muerte. Hasta la cintura está oculta en la cueva hueca, pero saca la cabeza fuera del temible abismo, y allí pesca, buscando con avidez alrededor de la roca delfines y perros marinos y cualquier bestia mayor que pueda atrapar, criaturas que la Anfitrite de hondos gemidos cría en multitudes incontables. Ningún navegante puede todavía jactarse de haber huido ileso de ella con su nave, pues con cada cabeza se lleva a un hombre, arrebatándolo de la nave de proa oscura» — Homero, Odisea 12.85–100, trad. inglesa de A. T. Murray
Lo primero que da Circe es un hogar. ἔνθα δ’ ἐνὶ Σκύλλη ναίει: allí mora Escila. El verbo ναίει significa vivir en un lugar. La cueva es el hogar de Escila. Lo segundo es un sonido. δεινὸν λελακυῖα: aúlla de manera terrible. Después Circe mide el sonido. τῆς ἦ τοι φωνὴ μὲν ὅση σκύλακος νεογιλλῆς γίνεται: su voz es solo tan grande como la voz de un cachorro recién nacido. Las palabras siguientes se vuelven contra eso. αὐτὴ δ’ αὖτε πέλωρ κακόν: pero ella misma es un monstruo maligno. La frase pone primero la voz pequeña y después el monstruo.
La palabra para el cachorro, σκύλακος, suena cerca de su nombre, Σκύλλη, y las dos palabras están separadas por una sola línea. El discurso de Circe no las une, y esta entrada no afirma que una palabra venga de la otra.
La última cláusula de la primera frase dice cómo ve a Escila quien la mira. οὐδέ κέ τίς μιν γηθήσειεν ἰδών, οὐδ’ εἰ θεὸς ἀντιάσειε: nadie se alegraría al verla, ni siquiera si fuera un dios quien la encontrara. La cláusula no se detiene en los hombres. Nombra también a un dios entre quienes no hallarían ninguna alegría en verla.
Seis cuellos y doce pies
Luego Circe cuenta. τῆς ἦ τοι πόδες εἰσὶ δυώδεκα πάντες ἄωροι: Escila tiene doce pies, todos ellos ἄωροι, que Murray traduce como misshapen, «deformes». ἓξ δέ τέ οἱ δειραὶ περιμήκεες: tiene seis cuellos, y son muy largos. ἐν δὲ ἑκάστῃ σμερδαλέη κεφαλή: en cada cuello hay una cabeza terrible. ἐν δὲ τρίστοιχοι ὀδόντες: en cada cabeza hay dientes en tres filas, πυκνοὶ καὶ θαμέες, densos y apretados, y πλεῖοι μέλανος θανάτοιο, llenos de negra muerte. Las cifras son exactas, y una de ellas vuelve más adelante en el libro. Seis cuellos llevan seis cabezas, y más adelante en el libro seis cabezas se llevan a seis hombres.
La frase siguiente sitúa el cuerpo en la cueva. μέσση μέν τε κατὰ σπείους κοίλοιο δέδυκεν: hasta la cintura está hundida en la cueva hueca. ἔξω δ’ ἐξίσχει κεφαλὰς δεινοῖο βερέθρου: saca las cabezas fuera del temible abismo. Murray escribe her head, «la cabeza», en singular, pero la palabra griega κεφαλὰς está en plural. El texto no dice dónde están los doce pies. Lo que sale de la cueva son las cabezas.
Desde ese lugar caza. αὐτοῦ δ’ ἰχθυάᾳ, σκόπελον περιμαιμώωσα: allí pesca, buscando con avidez alrededor de la roca. Su presa son δελφῖνάς τε κύνας τε, delfines y perros, que Murray llama sea-dogs, «perros marinos», y cualquier κῆτος mayor, una bestia marina, que pueda tomar. Son las criaturas que ἀγάστονος Ἀμφιτρίτη, la Anfitrite de hondos gemidos, cría sin cuento. La diosa del mar entra en el pasaje como la que alimenta la presa de Escila. El texto no la hace pariente de Escila.
Por último viene el peligro para los hombres. τῇ δ’ οὔ πώ ποτε ναῦται ἀκήριοι εὐχετόωνται παρφυγέειν σὺν νηΐ: ningún navegante puede todavía jactarse de haber pasado junto a ella con su nave sin daño. φέρει δέ τε κρατὶ ἑκάστῳ φῶτ’ ἐξαρπάξασα: con cada cabeza arrebata a un hombre y se lo lleva. Circe no describe una lucha. Describe un peaje, un hombre por cada cabeza.
Esto es todo el cuerpo de ella en el texto de Homero. Le da doce pies, seis cuellos, seis cabezas y tres filas de dientes en cada cabeza. No le da ninguna parte humana, y nada en estos versos la hace mujer de cintura para arriba. Tampoco le da cabezas de perro. Los únicos perros del pasaje son el cachorro con el que se compara su voz y los κύνας, los perros marinos, que ella caza.
Seis hombres de la nave
Bajo el más bajo de los dos acantilados, dice Circe, Caribdis engulle el agua negra tres veces al día, y nadie podría salvar allí a un hombre. Por eso su consejo es mantenerse cerca del acantilado de Escila y pasar la nave con rapidez. Es mucho mejor, en palabras de Murray, to mourn six comrades in thy ship than all together, «llorar a seis compañeros de tu nave que a todos juntos» (12.108–110).
En el estrecho, Odiseo no habla a sus hombres de Escila. La llama a cureless bane, «una plaga sin remedio», y teme que sus hombres dejen de remar y se apiñen en la bodega (12.223–225). Después olvida la orden de Circe de no armarse. Se pone la armadura, toma dos largas lanzas en la mano y va a la cubierta de proa, donde espera que Scylla of the rock, «Escila de la roca», se muestre primero. No puede verla en ninguna parte, y los ojos se le cansan de mirar la roca envuelta en niebla (12.226–233). Al otro lado Caribdis hierve y engulle el mar, y los hombres la miran con miedo. Mientras miran, Escila ataca.
τόφρα δέ μοι Σκύλλη γλαφυρῆς ἐκ νηὸς ἑταίρους ἓξ ἕλεθ’, οἳ χερσίν τε βίηφί τε φέρτατοι ἦσαν. σκεψάμενος δ’ ἐς νῆα θοὴν ἅμα καὶ μεθ’ ἑταίρους ἤδη τῶν ἐνόησα πόδας καὶ χεῖρας ὕπερθεν ὑψόσ’ ἀειρομένων· ἐμὲ δὲ φθέγγοντο καλεῦντες ἐξονομακλήδην, τότε γ’ ὕστατον, ἀχνύμενοι κῆρ. ὡς δ’ ὅτ’ ἐπὶ προβόλῳ ἁλιεὺς περιμήκεϊ ῥάβδῳ ἰχθύσι τοῖς ὀλίγοισι δόλον κατὰ εἴδατα βάλλων ἐς πόντον προΐησι βοὸς κέρας ἀγραύλοιο, ἀσπαίροντα δ’ ἔπειτα λαβὼν ἔῤῥιψε θύραζε, ὣς οἵ γ’ ἀσπαίροντες ἀείροντο προτὶ πέτρας. αὐτοῦ δ’ εἰνὶ θύρῃσι κατήσθιε κεκλήγοντας, χεῖρας ἐμοὶ ὀρέγοντας ἐν αἰνῇ δηϊοτῆτι
«Escila arrebató de la nave hueca a seis de mis compañeros, los mejores en fuerza y en poderío. Volviendo los ojos a la veloz nave y a la compañía de mis hombres, vi entonces por encima de mí sus pies y sus manos mientras eran alzados en lo alto. A mí me gritaron llamándome por mi nombre, por última vez, con angustia en el corazón. Y como un pescador en una roca saliente, cuando echa sus cebos como una trampa para los pececillos, con su larga caña baja al mar el cuerno de un buey de establo, y luego, cuando atrapa un pez, lo arroja coleando a la orilla, así eran alzados ellos, coleando, hacia los acantilados. Entonces a la entrada de su cueva los devoró, gritando y tendiéndome las manos en su horrible agonía» — Homero, Odisea 12.245–257, trad. inglesa de A. T. Murray
La cifra es la que Circe dio. ἓξ ἕλεθ’: tomó seis. Y no eran seis cualesquiera. οἳ χερσίν τε βίηφί τε φέρτατοι ἦσαν: eran los mejores en fuerza y en poderío. Odiseo mira a Caribdis cuando ocurre. Se vuelve hacia la nave y solo ve πόδας καὶ χεῖρας, los pies y las manos de sus hombres, por encima de él, ὑψόσ’ ἀειρομένων, mientras son alzados en lo alto. Lo llaman por su nombre, ἐξονομακλήδην, y el texto añade τότε γ’ ὕστατον, por última vez.
Luego Homero da un símil, y este vuelve contra los hombres la pesca del discurso de Circe. En su discurso Escila pescaba delfines. Aquí es como un ἁλιεὺς, un pescador, en una roca saliente, que baja su cebo al mar con una larga caña y arroja a la orilla los pececillos. La caña es περιμήκεϊ, muy larga, el mismo adjetivo que Circe usó para los seis cuellos, περιμήκεες. El pez atrapado es ἀσπαίροντα, coleando, y los hombres también son ἀσπαίροντες. ὣς οἵ γ’ ἀσπαίροντες ἀείροντο προτὶ πέτρας: así eran alzados ellos, coleando, hacia los acantilados. Los hombres son la captura.
αὐτοῦ δ’ εἰνὶ θύρῃσι κατήσθιε κεκλήγοντας: allí, a su puerta, se los comió mientras gritaban. La palabra de Homero para la boca de su cueva es θύρῃσι, puertas, y va con el primer verbo de Circe, ναίει: la cueva es el lugar donde vive Escila. Los hombres mueren χεῖρας ἐμοὶ ὀρέγοντας, tendiendo las manos a Odiseo, ἐν αἰνῇ δηϊοτῆτι, en su horrible agonía. Odiseo dice que, de todo lo que sufrió en los caminos del mar, esto fue lo más lastimoso que vieron sus ojos (12.258–259).
Vuelve a pasar por el estrecho más adelante en el libro. Para entonces está solo, y rema con las manos, sentado sobre maderos que Caribdis ha arrojado. Escila no lo toma. Zeus, padre de dioses y hombres, no permitió que ella lo viera de nuevo, y Odiseo dice que, de otro modo, no habría escapado a la destrucción total (12.445–446).
Crateis, su madre
Antes de que Odiseo zarpe, pregunta a Circe si podría escapar de Caribdis y aun así defenderse de Escila cuando ataque a sus hombres. Circe lo llama temerario. Escila, dice, es not mortal, but an immortal bane, «no mortal, sino una plaga inmortal». No hay defensa contra ella, y to flee from her is bravest, «huir de ella es lo más valiente» (12.116–120). Si se detiene junto al acantilado para armarse, Escila puede lanzarse de nuevo y llevarse tantos hombres como cabezas tiene. Así que debe remar más allá con toda su fuerza y llamar al único ser que puede contener a Escila.
βωστρεῖν δὲ Κράταιϊν, μητέρα τῆς Σκύλλης, ἥ μιν τέκε πῆμα βροτοῖσιν
«y llama a Crateis, la madre de Escila, que la parió como una plaga para los mortales» — Homero, Odisea 12.124–125, trad. inglesa de A. T. Murray
βωστρεῖν δὲ Κράταιϊν: llama a Crateis. El verso da a Crateis un solo papel. Es μητέρα τῆς Σκύλλης, la madre de Escila, y ἥ μιν τέκε πῆμα βροτοῖσιν, la parió como una plaga para los mortales. La frase nombra lo que Escila es para los mortales, y no da razón alguna del parto. El verso siguiente da la razón de la llamada. Crateis impedirá entonces que su hija se lance de nuevo (12.126). Así, la madre es el único poder del discurso de Circe que puede contener a Escila. El texto no dice cómo lo hace.
El libro 12 no dice nada más sobre Crateis. No le da padres, ni hogar, ni forma, y no nombra ningún padre para Escila. Tampoco da ninguna historia de cómo llegó Escila al acantilado. En el libro, ella simplemente está allí, inmortal, en la cueva donde vive.