Izanami es la diosa primordial que, junto con su hermano y consorte Izanagi, desciende a la isla de Onogoro para crear la tierra de Japón y los dioses que la habitan. Su labor generadora termina en tragedia: al dar a luz al dios del fuego Kagutsuchi sufre quemaduras mortales, y parte hacia Yomi, la tierra de los muertos.
Apenado, Izanagi la sigue hasta el inframundo. Izanami lo recibe en el umbral y le advierte que no la mire, pero él enciende un fuego y ve su cadáver infestado de gusanos y rodeado por ocho dioses del trueno. Huye horrorizado; humillada, Izanami envía tras él a las brujas y truenos de Yomi, y finalmente lo persigue ella misma. Izanagi bloquea el paso con una enorme roca, y desde lados opuestos de esa piedra los dos pronuncian sus últimas palabras:
愛也吾夫君,言如此者,吾當縊殺汝所治國民日將千頭
«Estrangularé hasta la muerte a las gentes del país que tú gobiernas, mil en un solo día.» — Nihon Shoki, Libro I; versión española a partir de la traducción inglesa de W. G. Aston (Nihongi, 1896)
Izanagi responde que él hará nacer a mil quinientos cada día, origen mítico de la mortalidad y el nacimiento, que existen desde entonces en un equilibrio permanente e inquieto. Izanami permanece en Yomi como su diosa soberana, Yomotsu-Ōkami, separada para siempre del mundo de la luz. El Kojiki sitúa su tumba en el monte Hiba, en la frontera entre las antiguas provincias de Izumo y Hōki, un lugar aún asociado a su culto.