Nacido de Aditi, y padre de ella
El himno de creación del libro décimo del Rigveda enuncia su nacimiento dos veces, en direcciones opuestas, y trata la contradicción como respuesta y no como falla.
अदितेर्दक्षो अजायत दक्षाद्वदितिः परि ॥४॥
«Daksa nació de Aditi, y Aditi fue hija de Daksa.» — Rigveda 10.72.4, trad. ingl. Ralph T. H. Griffith
El verso siguiente dice lo mismo desde el lado de él, y es el único verso del himno que se le dirige: दक्ष en vocativo, un nombre que significa destreza, y en particular la competencia que hace que un rito funcione.
अदितिर्ह्यजनिष्ट दक्ष या दुहिता तव । तां देवा अन्वजायन्त भद्रा अमृतबन्धवः ॥५॥
«Pues Aditi, oh Daksa, la que es tu hija, fue engendrada. Después de ella nacieron los dioses benditos, partícipes de la vida inmortal.» — Rigveda 10.72.5, trad. ingl. Ralph T. H. Griffith
Aquí no hace nada. Es producido y produce; todos los verbos que lo rodean son nacimientos, y los dioses llegan solo después, como aquello que se sigue de la pareja. El comentario de Sayana al pasaje plantea la objeción que haría cualquier lector — que una cosa no puede ser causa de su propia causa — y la responde citando a Yaska, que deja que ambos nazcan el uno del otro a la manera de los dioses. La atribución del propio himno da otra vuelta a la misma tuerca: entre los videntes que propone para estos versos figura la propia Aditi, consignada como hija de Daksha.
Eso es todo el personaje védico. Cuanto un lector asocia con este nombre — el gran sacrificio, la maldición, la destrucción — pertenece a la épica, donde un Prajapati llamado Daksha es una persona con casa, con genio y con lista de invitados.
El señor de las criaturas y sus hijas
El Mahabharata le da un segundo nacimiento que no es el védico. En el Adi Parva brota del dedo derecho del pie de Brahma, y su esposa del izquierdo, y engendra en ella cincuenta hijas. Como no tiene hijos varones, hace de esas hijas Putrikas, de modo que la descendencia de ellas cuente como su linaje además del de sus maridos. Diez van a Dharma; trece al sabio Kashyapa, de quien desciende casi todo el mundo viviente; y veintisiete a Soma, la luna. Esas veintisiete son las constelaciones, y la épica les asigna un oficio: por ellas los hombres cuentan el tiempo.
Soma toma a una de las veintisiete, Rohini, y vive con ella a solas. Las otras veintiséis vuelven a su padre. Él advierte a Soma una vez y las envía de regreso con una orden; Soma no le hace caso. Vuelven otra vez, y este pasaje es el único lugar de toda la épica donde Daksha actúa de principio a fin.
तासां तद्वचनं श्रुत्वा दक्षः सोममथाब्रवीत्। समं वर्तस्व सर्वासु मा त्वां शप्स्ये विरोचन।। अनादृत्य तु तद्वाक्यं दक्षस्य भगवाञ्शशी। रोहिण्या सार्धमवसत्ततस्ताः कुपिताः पुनः।। गत्वा च पितरं प्राहुः प्रणम्य शिरसा तदा। सोमो वसति नास्मासु तस्मान्नः शरणं भव।। रोहिण्यामेव भगवान्सदा वसति चन्द्रमाः। न त्वद्वचो गणयति नास्मासु स्नेहमिच्छति।। तस्मान्नस्त्राहि सर्वा वै यथा नः सोम आविशेत्। तच्छ्रुत्वा भगवान्क्रुद्धो यक्ष्माणं पृथिवीपते।। ससर्ज रोषात्सोमाय स चोडुपतिमाविशत्।
«Al oír estas palabras suyas, Daksha dijo una vez más a Soma: “¡Compórtate por igual con todas tus esposas! ¡Que no tenga yo que maldecirte, oh Virochana!” Sin hacer caso, sin embargo, de estas palabras de Daksha, el adorable Soma siguió viviendo con Rohini a solas. Ante esto, sus otras esposas se enojaron una vez más. Yendo a su padre, se inclinaron ante él bajando la cabeza y dijeron: “¡Soma no vive con nosotras! ¡Danos tu protección! ¡El adorable Candramas vive siempre con Rohini en exclusiva! ¡No da ninguna importancia a tus palabras y no quiere mostrarnos afecto alguno! ¡Sálvanos, pues, para que Soma nos acepte a todas!” Al oír estas palabras, el adorable Daksha, oh rey, se enojó y por ello arrojó sobre Soma la maldición de la tisis. Así fue como aquella enfermedad se apoderó del Señor de las estrellas.» — Mahabharata 9.36.14–19 (Shalya Parva, Sección 35); trad. inglesa de K. M. Ganguli
La consecuencia se propaga hacia fuera desde la luna. Soma se consume; las hierbas pierden sus jugos y quedan insípidas; las criaturas que se alimentan de ellas se consumen también. Los dioses acuden y piden que se levante la maldición, y Daksha responde que su palabra no puede sencillamente revocarse, pero sí desviarse. Que Soma trate por igual a todas sus esposas, que se bañe donde el Sarasvati se junta con el mar occidental, y volverá a crecer: media luna menguando, media luna creciendo, para siempre. Las fases de la luna son, en este relato, el arreglo de una disputa familiar. Él legisla sobre la luna; no es un dios lunar, y esta entrada no lo cataloga como tal.
El sacrificio que fue destrozado
El otro episodio es aquel por el que se recuerda el nombre. El Santi Parva lo cuenta dos veces, con doce páginas de por medio. En el primer relato se anuncia el sacrificio y el panteón entero decide asistir.
कस्यचित्त्वथ कालस्य दक्षो नाम प्रजापतिः। पूर्वोक्तेन विधानेन यक्ष्यमाणोऽन्वपद्यत।। ततस्तस्य मखं देवाः सर्वे शक्रपुरोगमाः। गमनाय समागम्य बुद्धिमापेदिरे तदा।।
«Pasado algún tiempo, el Prajapati Daksha comenzó a celebrar un Sacrificio conforme a los ritos antiguos (fijados en los Vedas). Al Sacrificio de Daksha, todas las deidades encabezadas por Sakra, reunidas, resolvieron acudir.» — Mahabharata 12.289.19–20 (Santi Parva, Sección CCLXXXIII); trad. inglesa de K. M. Ganguli
Un dios se queda atrás. Cuando su esposa le pregunta por qué no va, Shiva explica que las deidades acordaron hace mucho una disposición por la cual no se le asigna parte alguna de ninguna ofrenda sacrificial, y que quienes sacrifican se atienen a la vieja costumbre. Conviene leerlo con exactitud: en este relato la omisión no es una decisión de Daksha, sino una regla heredada, y el agravio es antes que nada de la diosa, que dice que esa exclusión la llena de aflicción y la hace temblar de la cabeza a los pies. Después calla, y su marido actúa sobre lo que ha comprendido.
ततो योगबलं कृत्वा सर्वयोगेश्वरेश्वरः। तं यज्ञं स महातेजा भीमैरनुचरैस्तदा।। सहसा घातयामास देवदेवः पिनाकधृत्। केचिन्नादानमुञ्चन्त केचिद्धासांश्च चक्रिरे।। रुधिरेणापरे राजंस्तत्राग्निं समवाकिरन्। केचिद्यूपान्समुत्पाट्य व्याक्षिपन्विकृताननाः।। आस्यैरन्ये चाग्रसन्त तथैव परिचारकान्।
«Reuniendo toda su fuerza de Yoga, aquel Señor de todos los señores del Yoga, aquel dios de dioses, aquel portador del Pinaka, dotado de poderosa energía, se dirigió rápidamente al lugar (donde Daksha sacrificaba) acompañado de todos sus terribles seguidores, y destruyó aquel Sacrificio. Entre esos seguidores suyos, unos lanzaban grandes gritos, y otros reían de manera terrible, y algunos, oh rey, apagaban con sangre los fuegos (del Sacrificio); y otros, de rostros espantosos, arrancando las estacas sacrificiales, se pusieron a blandirlas. Otros se pusieron a devorar a quienes oficiaban en el Sacrificio.» — Mahabharata 12.289.32–35a (Santi Parva, Sección CCLXXXIII); trad. inglesa de K. M. Ganguli
Ninguno de los dos relatos lo mata. El sacrificio queda destrozado y el sacrificante sobrevive, junta las manos, alaba al dios cuya parte faltaba y recibe de vuelta, restaurado, lo que se había quemado. Esa es la forma del episodio en el texto al que este corpus alcanza: un rito hecho al pie de la letra, una parte retenida, y una corrección que el corregido sobrevive.
Un nombre sobre dos figuras
El Daksha védico y el Prajapati épico son por convención una sola figura, y leerlos como una sola es la manera en que un detalle puránico acaba citado bajo un verso védico. Por eso esta entrada los mantiene en secciones separadas. La abstracción que produce a Aditi y es producida por ella no celebra jamás un sacrificio; el señor de las criaturas que sí lo celebra es de segunda generación en todos los relatos, nacido de Aditi en el himno y del dedo del pie de Brahma en la épica, y nada en estos capítulos lo llama ilimitado ni causa de sí.
Dos cosas que casi todo lector espera faltan en ambos relatos del Mahabharata, y quedan consignadas aquí como tradición puránica posterior, sin nada citado detrás: su hija Sati, que se quema en el sacrificio, y la cabeza de cabra que después le colocan sobre los hombros. En la épica la diosa agraviada es Parvati, hija de Himavat, esposa de Shiva y en absoluto hija de Daksha, y no se cambia cabeza alguna. El patronímico que la tradición posterior atribuye a Sati — la forma femenina que significa descendiente de Daksha — corresponde, en el aparato del propio Rigveda, a Aditi, y esa es la trampa que esta entrada está construida para evitar.
Lo que sobrevive a las dos mitades es más estrecho que la leyenda y más coherente: una figura que es la competencia ritual personificada, y a la que dos veces deshace la aritmética de a quién le toca una parte.