Meghanada, y el nombre que ganó
Indrajit es un rakshasa, el hijo de Ravana, y el nombre por el que el Ramayana lo conoce es uno que él mismo se ganó. Cómo se lo ganó no se cuenta en los libros de la guerra, sino en el Uttarakanda, el último libro del poema, que vuelve atrás sobre la historia de los rakshasas y cuyo narrador se dirige a Rama por su nombre mientras lo cuenta. En la traducción de Manmatha Nath Dutt, el Uttarakanda sitúa su nacimiento en la Sección XII. Mandodari da a Ravana un hijo que ruge en el instante de nacer, y su padre lo llama Meghanada, rugido de nube, por ese sonido. El mismo pasaje añade que este es el hijo al que ahora se llama Indrajit.
El nombre nuevo nace de una guerra en el cielo. Para el trigésimo sarga del Uttarakanda, Ravana ha conquistado los tres mundos, como el propio Brahma dice en él, pero es el hijo, no el padre, quien ha vencido a Indra, el rey de los dioses, y quien lo tiene prisionero. Los dioses vienen a Lanka con Brahma a la cabeza para recuperarlo. Brahma no desciende. Le habla a Ravana de pie en el cielo, y le habla con suavidad: está complacido con el combate del muchacho, y el valor del muchacho iguala al de su padre, o lo supera.
अयं च पुत्रो ऽतिबलस्तव रावण वीर्यवान् । जगतीन्द्रजिदित्येव परिख्यातो भविष्यति
«Oh Ravana, este hijo tuyo es sumamente poderoso y está dotado de gran fuerza, y será celebrado en el mundo bajo la denominación de ‘Indrajit’, o el conquistador de Indra.» — Valmiki, Ramayana 7.30.5; trad. inglesa de Dutt
El nombre se le da al padre. Brahma le habla a रावण, a Ravana, y le dice cómo llamará el mundo a su hijo: जगतीन्द्रजिदित्येव परिख्यातो भविष्यति, en el mundo será conocido de un extremo a otro como Indrajit. El sánscrito no explica el nombre, porque el compuesto es su propia explicación, Indra y aquel que lo conquista. Dutt añade la glosa «o el conquistador de Indra» para los lectores sin sánscrito, y el verso mismo no tiene tales palabras. En el verso siguiente Brahma dice llanamente lo que el nombre registra: este rakshasa será fuerte y difícil de vencer, y al apoyarse en él Ravana ha puesto a los dioses en su poder. Luego Brahma pide que le devuelvan a Indra.
Un carro salido del fuego
Brahma pregunta qué deben dar los dioses a cambio de Indra, e Indrajit pide lo más grande que existe. Si Indra ha de quedar libre, dice, él elige la inmortalidad. Brahma se niega: ninguna criatura viva en la tierra tiene la inmortalidad completa. Indrajit nombra entonces un don más limitado, con sus propias palabras. Cada vez que haya honrado el fuego con ofrendas y mantras y esté listo para bajar a la batalla a vencer a sus enemigos, un carro uncido de caballos ha de alzarse para él desde el fuego, y mientras esté de pie sobre él, ha de ser inmortal. En el verso siguiente nombra él mismo el precio: si combate mientras las plegarias y ofrendas de ese fuego están sin terminar, será destruido. Cierra con una jactancia. Otros hombres, dice, eligen la inmortalidad mediante la austeridad, y él ha ganado la suya mediante el valor. Brahma responde: que así sea. Indrajit deja libre a Indra, los dioses regresan al cielo, y el sarga se vuelve hacia Indra, abatido, el brillo desaparecido de sus vestiduras, sumido en sus pensamientos.
Es una forma extraña de inmortalidad. No pide ser invencible, sino ser invencible sobre un solo carro, que se alza de un solo fuego, y solo cuando el rito de ese fuego está completo. Todo lo que lo protege depende de que un ritual se termine, y el poema pone esa condición en su propia boca, dicha al dios que la concede.
Flechas de serpiente desde un cielo vacío
En la guerra de Lanka, el sarga cuarenta y cuatro del Yuddhakanda lo muestra vencido antes de mostrarlo vencedor. Angada, el hijo de Valin, lo derrota en combate, y los monos, entre ellos Sugriva y Vibhishana, gritan su aprobación al ver al enemigo vencido. Vencido por el hijo de Valin, Indrajit es preso de una cólera terrible, y entonces desaparece. सोऽन्तर्धानगतः, ido a la invisibilidad, dice de él el verso siguiente, y en el mismo verso lo llama ब्रह्मदत्तवरो, el poseedor de un don dado por Brahma.
अदृश्यो निशितान् बाणान् मुमोचाशनिवर्चसः। रामं च लक्ष्मणं चैव घोरैर्नागमयैः शरैः॥ ३५॥ बिभेद समरे क्रुद्धः सर्वगात्रेषु राक्षसः। मायया संवृतस्तत्र मोहयन् राघवौ युधि॥ ३६॥ अदृश्यः सर्वभूतानां कूटयोधी निशाचरः। बबन्ध शरबन्धेन भ्रातरौ रामलक्ष्मणौ॥ ३७॥
«…permaneciendo invisible, comenzó a descargar dardos afilados con el resplandor del rayo. Y enardecido por la cólera, en el combate traspasó a los hijos de Raghu, Rama y Lakshmana, por todo el cuerpo, con flechas terribles hechas de serpientes. Y él mismo ceñido de ilusión, aquel rondador nocturno, dado a combatir por vías tortuosas, —permaneciendo invisible para todas las criaturas—, dejó estupefactos a los descendientes de Raghu en la batalla; y por medio de sus flechas ató a los hermanos, Rama y Lakshmana.» — Valmiki, Ramayana 6.44.35–37; trad. inglesa de Dutt
Tres versos, y la primera palabra del primero y la primera palabra del último son la misma: अदृश्यो, invisible, y अदृश्यः सर्वभूतानां, invisible para todas las criaturas. Entre ellos está मायया संवृतस्तत्र, envuelto allí en ilusión. El rakshasa que acaba de perder un combate a cielo abierto no vuelve a lo abierto. El último verso le da dos nombres uno junto al otro. निशाचरः, rondador nocturno, es un nombre común para cualquier rakshasa. कूटयोधी, que Dutt traduce como «dado a combatir por vías tortuosas», pertenece a este momento: nombra una manera de luchar, no una raza. El arma es tan extraña como el luchador. घोरैर्नागमयैः शरैः, con flechas terribles hechas de serpientes: el «flechas hechas de serpientes» de Dutt conserva el sentido literal, que estos astiles son nagas. Traspasan a los hermanos en cada miembro, y luego hacen algo que las flechas no hacen. बबन्ध शरबन्धेन भ्रातरौ रामलक्ष्मणौ: ató a los hermanos Rama y Lakshmana con un lazo de flechas.
El lazo aguanta hasta el sarga cincuenta, cuando llega Garuda. Al verlo, las serpientes que habían atado a los dos hombres en forma de flechas huyen. Garuda toca a los hermanos y les acaricia el rostro con las manos, sus heridas se cierran, y su energía, su fuerza y su memoria les vuelven redobladas. Los astiles que nadie lo vio disparar eran serpientes desde el principio, y huyeron de Garuda como serpientes.
El rito en Nikumbhila
La condición que él impuso ante Brahma regresa en el Yuddhakanda desde el otro lado. En el sarga ochenta y cinco Rama pide a Vibhishana que repita lo que le ha dicho, y Vibhishana lo hace. El hijo de Ravana ha ido con su ejército a Nikumbhila, y si se levanta de su rito con este completado, Rama debería darlos a todos por muertos. Pero el don tiene una condición, y Vibhishana la repite con las palabras en que fue dada a Indrajit, llamándolo enemigo de Indra: el enemigo que te hiera antes de que llegues a Nikumbhila y antes de que hayas hecho tu ofrenda de fuego será tu muerte. Deja ir a Lakshmana, dice, con una gran fuerza, y mátalo allí. En el Uttarakanda, Indrajit nombró él mismo esa condición, como precio de su carro; en el Yuddhakanda, el hermano de su padre se la cuenta a sus enemigos como el modo de matarlo. Lakshmana se inclina a los pies de Rama, camina en torno a él, y va con Vibhishana a Nikumbhila, el santuario que el hijo de Ravana custodia.
En el sarga noventa, Lakshmana jura por la verdad de Rama y dispara contra Indrajit ऐन्द्रास्त्रेण, con el arma Aindra, el arma de Indra. Le arranca la cabeza, सशिरस्त्राणं, con el yelmo todavía puesto y los pendientes encendidos, y la cabeza queda en el suelo del color del oro y cubierta de sangre. El cuerpo cae después, कवची, todavía con su coraza, con el arco arrojado de su mano. Esos versos, y el juramento que los precede, están citados en la entrada de Lakshmana y no se citan de nuevo aquí. El rakshasa a quien el sarga cuarenta y cuatro volvió invisible para todas las criaturas deja el poema a plena vista, cada pieza de su atavío de guerra nombrada al caer: yelmo, pendientes, coraza, arco.