El mito de Leto es, casi por completo, una larga negativa de hospitalidad. Embarazada de Zeus y perseguida por los celos de Hera, va de tierra en tierra pidiendo que la dejen dar a luz, y una tierra tras otra la rechaza —no por crueldad, se cuida de precisar el himno, sino por miedo—. Nadie quiere ser el lugar que alojó el agravio de Hera. El catálogo de negativas se extiende decenas de versos, y su función es hacer que el «sí» final signifique algo.
Delos dice que sí porque Delos no tiene nada. Es una roca pelada, demasiado pobre para cultivar y demasiado pequeña para contar, y cierra un trato: asumirá el riesgo si el niño promete levantar allí su templo. De ese pacto depende el himno entero, y es insólitamente franco en cuanto a la economía del asunto: un santuario es lo que una isla estéril tiene en lugar de tierra fértil.
ἀμφὶ δὲ φοίνικι βάλε πήχεε, γοῦνα δ’ ἔρεισε λειμῶνι μαλακῷ, μείδησε δὲ γαῖ’ ὑπένερθεν
«Y así echó los brazos en torno a una palmera y se hincó de rodillas en el blando prado, mientras la tierra reía de gozo por debajo.» — Himno homérico 3, A Apolo de Delos 117–118; trad. inglesa de Evelyn-White
Nueve días y nueve noches de parto, y el nacimiento mismo ocupa medio verso. En lo que el himno se demora es en la respuesta de la tierra —el suelo riendo bajo ella—, porque lo que importa no es el dolor sino la inversión: la isla que todos daban por inútil es la que se queda con el dios.
A partir de ahí deja prácticamente de tener historia propia. Aparece como apéndice de sus hijos y, en concreto, como aquello que ellos vengan: Níobe se jacta de tener más hijos que Leto y los pierde a todos bajo las flechas de Apolo y Ártemis; el gigante Ticio la agrede y acaba clavado en el inframundo con buitres en el hígado. Ambos castigos los ejecutan otros en su nombre. Es una de las pocas figuras del entorno olímpico cuyo poder es enteramente delegado.
Vale la pena nombrar el patrón, porque no es el habitual. El mito griego tiene madres de sobra que son peligrosas por sí mismas: Gea armando a cada aspirante, Rea sacando a escondidas a Zeus, Deméter matando de hambre al mundo hasta recuperar a Perséfone. Leto no hace nada de eso. Resiste, y esa resistencia se convierte en la autoridad de sus hijos. Egipto cuenta una historia de estructura parecida sobre Isis escondida en los pantanos con el niño Horus, pero Isis es la maga más capaz de su panteón y se rescata sola. Leto se limita a seguir caminando hasta que alguien la deja parar.