Rea es una titánide, hermana y esposa de Crono, y madre de los seis dioses que forman el núcleo del orden olímpico. Hesíodo la presenta casi de forma administrativa —«sometida por amor a Crono, dio a luz hijos espléndidos»— y dedica enseguida los versos siguientes a lo que el padre de esos hijos les hace. Lo que a ella le corresponde en la historia es lo que hace al respecto.
Ῥέην δ᾽ ἔχε πένθος ἄλαστον. ἀλλ᾽ ὅτε δὴ Δί᾽ ἔμελλε θεῶν πατέρ᾽ ἠδὲ καὶ ἀνδρῶν τέξεσθαι, τότ᾽ ἔπειτα φίλους λιτάνευε τοκῆας τοὺς αὐτῆς, Γαῖάν τε καὶ Οὐρανὸν ἀστερόεντα, μῆτιν συμφράσσασθαι, ὅπως λελάθοιτο τεκοῦσα παῖδα φίλον
«y un dolor incesante se apoderó de Rea. Pero cuando estaba a punto de dar a luz a Zeus, el padre de dioses y hombres, entonces suplicó a sus propios padres queridos, la Tierra y el Cielo estrellado, que urdieran con ella algún plan para que el nacimiento de su hijo amado quedara oculto.» — Hesíodo, Teogonía 467–471; trad. inglesa de Evelyn-White
El plan es el que funciona. Gea y Urano la envían a Creta; ella pare a Zeus de noche y lo esconde en una cueva del monte Egeo, y entrega a Crono una piedra grande envuelta en pañales, que él se traga sin mirar. El niño se cría fuera de la vista —amamantado con leche de cabra, su llanto tapado por danzantes armados que entrechocan los escudos— y vuelve ya crecido para obligar a su padre a devolver a los demás. La piedra sale primero, y Zeus la coloca en Delfos, donde todavía se la mostraba a los visitantes siglos después.
Rea es la bisagra entre dos regímenes más que gobernante de ninguno. Caídos los titanes, conserva una posición discreta entre los vencedores; en el Himno homérico a Deméter es a Rea a quien Zeus envía finalmente para traer de vuelta a la hija afligida, precisamente porque es la única madre a la que la otra hará caso. El culto griego fue asimilándola cada vez más a la Gran Madre anatolia, Cibeles, y de esa fusión toma los leones, la corona de torres y el tambor que el arte posterior le atribuye.